Romantizando la liviandad

Tengo que contar, así el aire de adentro se renueva, así permito que estas ideas que hoy pretenden enraizarse en mí, puedan seguir tomando rumbo en el viento, sigan encontrando caminos y hogares, tomando su pequeño lugar en este inmenso ecosistema que integra a la condición humana. 

Las ideas tienen menos peso que las personas, tal vez por eso a veces he querido regresar a ese estado, tomarme de esa incorporeidad, simpleza, poder con ella navegar por entre sus pensamientos, sin el aplastante peso de mi mortalidad, sin el ruidoso traqueteo de mí. 

Milan Kundera hablaba de la insoportable levedad del ser, hoy no logro entenderlo. Pues lo que a mí me resulta profundamente difícil de entender es lo aplastante de mi existir. 

La gravedad de mi cuerpo que anclado a la tierra no se permite formar parte del mundo, no se permite ser interpretado, ser imaginado, tomar las miles de formas que le darían aquellas miles de mentes. 

¿De qué carajo estoy hablando? Exacto, pues pedir ser idea y no persona es pedir la muerte. Porque el único medio de no existencia posterior a la existencia es precisamente ese. 

Ya llegará.

Solo tengo miedo de mañana no sentirme como hoy. 

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