Por esas calles.

El siguiente, es un escrito de hace exactamente 1 año y 7 días. 

En ese momento me encontraba viajando solo en Granada en uno de los viajes más inesperadamente canónicos de mi vida. 


Escribir me regresa


Han sido días de observar un montón, todo lo que hay alrededor, lo que hay adentro igual.


Me siento un poco perdido, no se donde están los límites entre mi cabeza y el mundo externo, mi cabeza es un espacio laberíntico y enredado.


Hoy caminé mucho, caminé en silencio


Recuerdo que todas las cosas que vi me conmovieron, fue un día de encontrarme cara a cara con mi humanidad.

Mi humanidad desde lo mundano y desde lo trascendente.


Mi humanidad desde el cansancio y las lagañas, desde el arte y la capacidad de llevar lo tangible a un espacio subjetivo, etéreo.


Recuerdo al señor que me sirvió mi cena, un humilde puesto de comida árabe, recuerdo el cuidado con el que me sirvió mi comida, la delicadeza con la que añadía cada ingrediente. Lo más curioso de él es que  miraba constantemente a la ventana, como buscando a alguien, o esperando algo…

¿Un escape? ¿A un ser querido?

Me preguntaba

¿Se sentirá feliz de trabajar ahí? 

Mientras lo observaba observar se me ocurría que tantas horas de silencio dentro del local probablemente le habrían dado como consigna ver a la ventana, ver a la gente pasar. 

Y el había aceptado, aceptaba su consigna,  y la elegía. La acataba y la cumplía gozosamente, como un ritual


Su voz era siempre suave y amable.


Unas horas antes caminaba perdido por Albaicín, en completo silencio.

Observaba la mezcla del graffitti y la arquitectura medieval, lo que alguien hizo para ser recordado en 2 puntos en que la forma de ser recordados era completamente diferente.


¿Qué hay con mi necesidad de ser recordado?

Caigo seguido en lo mundano, mi mente se despoja de toda dicha y de un segundo a otro me puedo llegar a sentir de lo más miserable.


Pensaba en mi apariencia, en mi forma de caminar. Me daba cuenta lo rápido que se disparaba una alerta en mí cuando alguien aparecía.


He sido mi amigo un buen tiempo ya, y me he llegado a sentir tan completo y basto en soledad.


Pero no se por qué hoy huyo de ella. 

Que hay en ese silencio que me estorba.

Pasé todo el día solo, 

¿por qué la noche era diferente?

¿Era ver al resto en compañía? Sentir que en algún lugar estaban sucediendo las cosas y no era donde yo estaba… No sentía eso en años, yo creo que el mochileo acarrea muchísima soledad. Muchísima apertura a no entenderte parte de alguien, de algo. 

Hoy me repetía, desapégate Sebas, deja ir a los espacios, deja ir a las expectativas que tienes sobre como eres o sobre como quieres ser percibido.


Y creo que es eso, incluso en soledad he llegado a actuar en torno a la percepción ajena, sintiéndome bien de ser percibido como romántico solitario, poeta, bohemio.


Pero quiero entender a mi soledad desde mi propia experiencia, sin el lente de quienes me rodean.


Quiero seguir estando cerca de mi, y abrazar quien soy y como estoy independientemente de como me percibo a mi mismo.


Deambulaba por las calles de Albaicín cuando escuché un violín, me dejé llevar por el y terminé en una plaza muy pequeña.

Vi primero al chico, alto y barbudo, tocaba el violin medio encorvado, vi después a la chica, francesa y tocaba el cuatro, vestía bohemia, con ropas anticuadas. Ambos me sonrieron… Bueno no tanto, pero aceptaron mi presencia de forma calma. Comenzaron a tocar, tocar bellísimo.

Y yo pensaba en ellos, en las sombras que el sol proyectaba sobre las viejas casitas.


Pensaba en lo mucho que me atrajo escuchar música, lo cómodo y complice que me sentí, pensaba en presentarme también como músico, luego me juzgué.


Juzgué ese pensamiento que interponía ego, que no me dejaba disfrutar de este momento, de esta situación por lo que era o lo que me brindaba, y estaba como siempre intentando encontrar la forma de formar parte activa de ella, de hacerme notar.


Y luego me dije, pero está bien… ¿no?

Tu los notaste a ellos, te gustaría que ellos te noten.


Pero sigue así, no le veo la utilidad… ¿Qué ellos me noten? Y que pasa si no me notan de la forma en que quiero que me noten? Y que pasa si no me quisieran notar?

Ellos solo estaban haciendo música en la calle, y eso estaba bien.


Ser espectador también está bien.

No pasa nada.


Ellos estaban junto a una señora que hacía arte, Barbara… De un arte muy sensible y atravesado por sus vivencias personales.

Me dio su tarjeta, y aproveché para felicitar a los músicos. Ella me dio una sonrisa amable, el no tanto.


Me fui entre que contento y melancólico.


Pero dentro de todo, siento que fue una experiencia hermosa, hermosa igual en medida de que pude sentir mucho a la vez y dialogar conmigo mismo.

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