Traía aroma del mar

La nostalgia corriendo por mis venas.


No podría ser de otra manera, no podría negarme a este llamado. 


Es más, lo sigo buscando, sigo creyendo encontrarlo.


¿Por qué me diste estas ansias?


Es difícil cuando todos los puntos de referencia existen en tu propia mente, cuando acudes a tus memorias, experiencias e ideas pero estas ya han cambiado.


No eres un libro en blanco, más bien eres como el mar. 


Dijeron sobre el mar; que este no permite trazar rutas, ni permite abrir caminos. Estos desaparecen sin esfuerzo poco después de haberlos marcado.


De ese modo es tu mente impermanente, de ese modo llega la gente, llegan las ideas, y dejan una huella por un ratito, pero tan solo por un ratito y ya.


Aquellas que se han afirmado en tu esencia y que crees ver fundamentales… No residen como aquello que llegó, siguen siendo ellas, pero han crecido, han cambiado… O al menos eso creo.


¿Sabes? ya de nada estoy del todo seguro.


Corrijo y retomo 


Algo que creo, al menos hoy, es que el tiempo le da un cierto aroma a los recuerdos, el aroma es una puerta que se abre sin avisar.


Aquella puerta en particular traía aroma del mar. 


Y con él, llegó cierta nostalgia.


Llegó la arena entre los dedos de mis pies, llegó mi abuelita llevándome a comprar un helado, llegó el mismo helado derretido sobre mis piernas, llegaron las sabanas color mostaza, el desayuno ya servido y frutas de todos los colores.


Llegó un viaje en bus de 8 horas, un corto recorrido en mototaxi al salir el sol, llegaron esos dos chicos enamorados a quienes conocí por sus versiones más felices, escapándose de todo y viajando por la línea costera.


llegó una canción de Pastoral cuando aún no entendía al canto, llegaron los botes de los pescadores encallados en la arena, tristes a más no poder, a su lado un inmenso esqueleto de ballena, por el otro, un mes de gigantezca soledad.


Y hoy.


Hoy conozco que el olor a mar tiene nombre, se llama Maresía. Y en ella, toda mi historia junto a él.

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